Durante nuestro viaje por tierras de GIRONA (enlace a nuestra publicación), habíamos reservado una de las jornadas para descubrir cuatro auténticas joyas monumentales del Baix Empordà: MADREMANYA, MONELLS, PERATALLADA y Pals (enlaces a nuestras publicaciones). Cuatro nombres que suenan a leyenda medieval y que terminaron por enamorarnos a cada paso.
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| PALS |
| MADREMANYA |
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| MONELLS |
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| PERATALLADA |
Pals sería la última por su situación
geográfica, pero desde luego no por importancia, porque esta villa medieval
podía competir en belleza, historia y encanto con cualquiera de las anteriores.
Y eso, en una comarca donde las piedras parecen tener memoria, no es poca cosa.
Nos adentramos en las callejuelas empedradas
de la villa por el Carrer de la Muralla, y apenas habíamos comenzado a caminar
cuando Pals empezó a mostrarnos su carácter. Allí estaba la TORRE D'EN RAMONET para recordarnos que, muchos siglos atrás,
Pals no era únicamente una hermosa villa: también era un lugar que había que
defender.
El recinto amurallado, levantado entre los siglos XII y XIV, es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de la comarca. Sus antiguas defensas todavía pueden seguirse por buena parte del casco histórico, aunque el paso del tiempo hizo también que algunos de sus lienzos terminaran integrándose en construcciones posteriores.
Así, en el Carrer de Mossèn Joaquim Pi, donde las casas parecen asomarse como
si quisieran contemplar también el paso de los visitantes, todavía pueden
descubrirse algunos vestigios de aquella antigua muralla en los muros de esas
casas. Entre ellos, las aspilleras, pequeñas aberturas desde las que los
defensores podían vigilar y proteger el recinto. Al fondo, nuevamente, la Torre
d'en Ramonet ponía el contrapunto perfecto a la escena.
Nuestro paseo nos llevó enseguida hasta la PLAÇA DE L'ESGLÉSIA, uno de los rincones más emblemáticos del conjunto histórico, que funciona casi como un puente entre dos mundos: por un lado, la arquitectura defensiva que protegía la antigua villa; por otro, el patrimonio religioso representado por la iglesia de Sant Pere.
Nos detuvimos a contemplar los edificios que rodean este espacio y aquella estrecha calleja que se abre a uno de sus lados. Una de esas pequeñas calles medievales que resultan preciosas para la fotografía… y bastante menos amables cuando uno intenta recorrerlas en silla de ruedas.
Porque las villas medievales tienen una
curiosa habilidad: cuanto más bonitas son sus calles, más empeño parecen poner
en recordarnos que fueron diseñadas mucho antes de que alguien inventara las
sillas de ruedas.
La gran protagonista de la plaza es la IGLESIA DE SANT PERE, un templo cuya historia se remonta nada
menos que al año 994, aunque el edificio que hoy contemplamos es principalmente
del siglo XV y responde al gótico tardío.
Su aspecto actual reúne diferentes épocas y
estilos. Conserva elementos de tradición románica, entre ellos una
característica ventana atrompetada; su nave presenta la contundencia propia del
gótico, mientras que la portada de acceso pertenece al barroco, incorporada en
el siglo XVII.
En el interior la iglesia resulta sobria, recogida y de luz tenue, como si sus gruesos muros quisieran ocultar la historia y los rezos acumulados durante siglos.
Entre nuestras fotografías quedaron algunos
de sus detalles más interesantes para nosotros: el rosetón, las vidrieras, las
capillas y, especialmente, una curiosa ménsula románica tallada con una figura
femenina, situada bajo el coro.
Son esos pequeños detalles los que hacen que
una visita no consista solamente en mirar, sino también en buscar. Porque en un
edificio con tantos siglos de historia, siempre hay detalles esperando que
alguien se fije en ellos.
También hay una curiosidad histórica que
merece ser contada: Algunas de las piedras que contemplábamos en Sant Pere
habían conocido anteriormente otra vida, formando parte de las defensas y
edificios del castillo. En 1478, después de la guerra civil catalana, el rey
Juan II concedió permiso a los consejeros de Pals para reutilizarlas.
Al
rodear el templo por su exterior, su imponente ábside volvió a confirmar que
cada muro de la villa es un libro abierto.
Nuestro paseo continuó por las hermosas callejuelas del casco histórico, atravesando uno de los antiguos arcos de piedra de medio punto que aparecen en el recorrido.
Y así llegamos hasta la TORRE D'EN ROM, situada en el extremo norte del recinto
amurallado. Su estructura rectangular, cubierta con bóveda de cañón y abierta
hacia el interior de la villa, permite entender con claridad la táctica militar
de la época: su diseño facilitaba la defensa interna y evitaba que el enemigo
pudiera fortificarse en ella si lograba asaltarla.
Junto a la Torre d'en Rom se encuentra el acceso al MIRADOR JOSEP PLA, conocido como EL PEDRÓ, el punto más elevado del casco histórico. Y aquí Pals cambia nuevamente de escenario.
Después de caminar entre muros, arcos y callejuelas estrechas, de repente el horizonte se abre ante nosotros y la mirada puede escapar de la piedra para perderse en el paisaje. Desde este privilegiado balcón contemplamos los campos de arroz de Pals, el macizo del Montgrí y, al fondo, las islas Medes.
Nos quedamos un buen rato disfrutando de aquellas panorámicas y también aprovechamos para contemplar nuevamente el propio recinto amurallado, que desde esta perspectiva permitía entender mucho mejor la estructura de la antigua población. Aquí, uno puede imaginar el movimiento de los soldados, las voces de alerta y el ruido de las armas resonando entre estas mismas piedras. Hoy, afortunadamente, el único ejército que suele invadir Pals es el de los turistas armados con cámaras.
Retomamos la marcha hacia los restos del antiguo castillo. De aquella fortaleza apenas queda en pie la torre mayor, conocida como la TORRE DE LES HORES. Levantada entre los siglos XII y XIII sobre un podio de roca natural, esta torre circular conserva dos pisos abovedados y su antigua puerta a media altura. En el siglo XV se le añadió en el remate un campanario gótico de planta triangular, elemento que le dio su nombre actual.
Seguimos recorriendo las callejuelas empedradas de Pals, esas que parecen obligatorias en cualquier villa medieval que se precie. Y sí, son preciosas. También son estrechas, irregulares, llenas de desniveles y, para quienes van en silla de ruedas, bastante exigentes. Porque la piedra medieval tiene una relación complicada con las sillas de ruedas.
Y mientras avanzábamos, Pals continuaba desvelando sus secretos. En sus calles aparecen bóvedas, arcos de herradura, portaladas, ventanas románicas y elementos góticos que convierten el paseo en una auténtica sucesión de pequeñas sorpresas.
Pero quizá uno de los testimonios más fascinantes se encuentra mucho más abajo, grabado directamente en la piedra. Son las SEPULTURAS ANTROPOMÓRFICAS, anteriores al año 1000, excavadas en la roca y atribuidas a los antiguos pobladores de la zona.
Continuamos dejando que las propias calles accesibles fueran marcando nuestro recorrido. Y
así llegamos hasta la Plaça Major, uno de esos espacios que todavía conserva
ese aire de antiguo centro de la vida pública de la villa.
Las fachadas, los soportales y los edificios
que la rodean mantienen una atmósfera que invita a imaginar cómo debió ser este
lugar cuando el sonido de los carros, los comerciantes y los vecinos formaba
parte de la vida cotidiana. Hoy el ambiente es otro, pero la piedra sigue
siendo la misma protagonista.
Desde allí podemos continuar nuestro
recorrido por el entramado de calles, atravesando, el arco más famoso y
principal que da acceso al recinto amurallado medieval de Pals, y que se conoce
como el arco gótico o PORTAL DE LA VILLA.
La belleza de las calles empedradas de Pals
es indiscutible, pero su trazado no es precisamente amable con la movilidad
reducida, y a esas alturas de la jornada, acumulando ya las también complicadas caminatas por MADREMANYA, MONELLS y PERATALLADA, las cervicales de mi esposa estaba al límite
y las sacudidas del empedrado no daban tregua. Afrontar un entorno histórico en
silla de ruedas exige tomárselo con calma, asumir que hay determinados rincones
cuyo acceso resulta complicado o directamente imposible. Pero también es verdad
que, con paciencia y buen humor, se puede disfrutar de buena parte de este
pequeño laberinto medieval y, sobre todo, de esa extraordinaria sensación de
estar caminando por lugares donde la Edad Media no desapareció del todo. Simplemente
se quedó a vivir en sus calles.
TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA
PUBLICACIÓN HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:
https://www.castillosnet.org/monumento.php?r=GE-CAS-058-ROM&seo=torre-de-roma
https://ca.wikipedia.org/wiki/Barri_del_Pedr%C3%B3_(Pals)
https://www.castillosnet.org//monumento.php?r=GE-CAS-058&seo=
https://ca.wikipedia.org/wiki/Sant_Pere_de_Pals
https://invarquit.cultura.gencat.cat/card/1173
https://www.poblesdecatalunya.cat/element.php?e=11185
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