CATEDRAL DE SANTA MARÍA, GIRONA

Recorriendo las calles del Barri Vell de GIRONA (enlace a nuestra publicación), llega un momento en que uno levanta la mirada… y se encuentra con ella. 

Frente a nosotros se despliega una fachada monumental, fruto de varios siglos de historia y de una curiosa convivencia de estilos arquitectónicos. Esta Catedral comenzó su larga transformación en época medieval y no terminó de adquirir su aspecto actual hasta el siglo XVIII. Románico, gótico y barroco fueron dejando aquí sus huellas, como si cada época hubiera querido poner su firma en el mismo edificio.

Entre sus numerosas figuras, esculturas y detalles, hay uno que nos hizo mirar dos veces. Justo por encima de la estatua de San Pedro, en la esquina inferior izquierda, se esconde una cara que quizá no esperaríamos encontrar en una catedral medieval. La de Salvador Dalí. Sí, Dalí. Camuflado entre la piedra, como quien se ha colado en la foto familiar sin avisar.

Y para cerrar el espectáculo exterior, prepárate para una experiencia pura y mágica: contemplar el atardecer desde lo alto de sus 90 escalones. Uno de los días, tuvimos el privilegio de ver cómo el sol se iba despidiendo lentamente, pintando el cielo gerundense de apasionados tonos dorados y anaranjados.

Consejo para nuestras compañeras y compañeros con movilidad reducida, la entrada accesible al templo se realiza cómodamente por la puerta de la atractiva Plaça dels Apostòls, un rincón bellísimo donde se ubican también el Palacio Episcopal y el Museu d’Art de Girona.

Al cruzar el umbral hacia el asombroso interior, la realidad se expande. La gran nave se abre ante nosotros con una amplitud casi desmesurada. Construida entre los siglos XV y XVI, es el espacio gótico abovedado más ancho del mundo, con 23 metros de pura magnificencia. ¡Solo hay una nave abovedada más grande en todo el planeta, y es la de San Pedro en el Vaticano! La mirada se pierde hacia la cabecera y, a ambos lados, las capillas y la girola van dibujando un recorrido que invita a caminar despacio, descubriendo cada rincón.

Así, comenzamos nuestro recorrido semi-accesible, desgranando cada capilla como quien pasa las páginas de un libro sagrado que guardan una historia diferente y, algunas, auténticos tesoros.

En el lado de la epístola, la Capilla del Bautisterio nos dio la bienvenida con su impresionante pila bautismal, tallada un solo bloque de piedra de Girona entre 1535 y 1545 para acoger los primeros susurros de fe.

Tiene doce caras, y en cada una de ellas se representa un apóstol con un libro en la mano. Además, es uno de los pocos ejemplos renacentistas que conserva la Catedral.

En la Capilla de Santa Elena (antigua de San Juan Evangelista y San Juan Bautista) descansa el sobrecogedor sepulcro románico de Ermesenda de Carcasona. Originalmente, la tumba de la condesa habitaba nártex (atrio) exterior del templo románico del siglo XI. Cuando este se derribó, Pedro el Ceremonioso encargó en 1385 un nuevo sepulcro de alabastro a Guillem Morei para trasladarla al interior. En 1982, tras abrir el sepulcro y certificar sus restos, el sarcófago románico original de piedra fue ubicado en esta capilla, compartiendo memoria con la historia.

Seguimos hasta la Capilla de la Anunciación, ubicada a los pies del templo, destila una paz y una sobriedad que te invitan al recogimiento. El retablo barroco no muestra las figuras de Santiago a caballo rodeado de la Fe, Esperanza y Caridad. Bajo este, el relieve principal con Dios Padre y el Espíritu santo en forma de paloma, entre nubes y serafines, y el arcángel Gabriel con el brazo levantado anuncia a María que será la Virgen. Y en la parte baja el nacimiento de Jesús y la adoración de los pastores.

Después pasamos al lado del evangelio, donde la Capilla de San Honorato nos sobrecogió, esculpida en la pared, uno de los conjuntos más ricos de la escultura funeraria del gótico catalán tardío. Es la tumba del obispo Bernat de Pau, donde el detalle de la piedra cobra una vida casi milagrosa.

En la capilla del Beato Dalmau Moner (antigua de Santa Isabel), encontramos otro de esos detalles que obligan a quedarse un rato: el sepulcro del cardenal de Anglesola, obra del escultor gerundense Pere Oller. El sarcófago, realizado en alabastro de Beuda, está decorado, en sus cuatro caras, con un cortejo de llorantes. Ninguno parece igual al anterior: cambian las posturas, las expresiones, los gestos… y hasta los pliegues de sus vestidos parecen reclamar nuestra atención. Fuero tan asombrosamente trabajados que casi puedes oír su lamento.

Más adelante, la Capilla del Sagrado Corazón (antigua de Santa Marta), destaca por albergar los entierros de los obispos Pere Rocabertí y Guillem de Vilamarí, envueltos en el misterio de su ubicación original.


Situado sobre la puerta de la capilla conventual, el Sepulcro de Ramón Berenguer II, "Cabeza de Estopa", evoca los tiempos de los grandes condes. También fue encargado por el rey Pedro el Ceremonioso en 1385 al escultor Guillermo Morei, junto con el de su bisabuela, ya mencionado.

La Capilla Conventual es un rincón cargado de solera donde el espíritu de la antigua canónica aún parece habitar.

Al llegar a la Capilla Mayor, la luz del rosetón superior nos bañó como un destello divino.


Admiramos el altar mayor y el majestuoso baldaquino; su Retablo gótico de labra infinita, considerado una auténtica obra maestra de la orfebrería catalana, y la célebre Cátedra de Carlomagno, trono de piedra tallada donde la historia se vuelve asiento.

Próximo al altar mayor se encuentra la parte frontal de un antiguo cancel románico del siglo XII, recuperado y perteneciente al ambón. Tiene escupidas finamente seis aves en distintas posturas y actitudes rodeadas por gruesos tallos vegetales. El conjunto es completado con dos grandes flores de ocho pétalos, cuatro mucho más grandes que el resto.

Al recorrer las capillas de la girola, nos detuvimos en la Capilla de los Cuatro Santos Mártires: Hermano, Paulino, Justo y Sicio, admirando su preciosa arca relicario, su retablo y las esculturas funerarias de Arnau de Mont-rodon (+1348) y Bertran de Mont-rodon (+1384).




Después nos acercamos a la emotiva Capilla de la Cofradía del Santo Sepulcro.

Hacia los pies de la nave, en el lado del Evangelio, se abre la Puerta de San Miguel. Detente y mira hacia arriba, a los arcos de la bóveda de crucería gótica tardía: incrustado en la misma piedra de los nervios, se encuentra un halcón esculpido. La leyenda nos susurró al oído su trágica historia: dicen que el conde Ramón Berenguer II, salió a cazar con su halcón hacia Hostalric y fue asesinado en la poza de Perxistor. Tras encontrar su cuerpo, la comitiva fúnebre lo trasladó a Girona y su fiel halcón, sin separarse jamás, voló sobre ellos hasta que, justo al llegar a las puertas de esta Catedral, cayó muerto de pena. ¡La piedra inmortalizó para siempre la lealtad del ave!

Cruzando esta puerta accedimos a la Capilla de la Esperanza, antiguo refectorio, donde nos esperaba la impactante Cama de la Virgen (obra barroca de Lluís Bonifaç de 1775, dedicada a la Dormición) y el sobrio sepulcro renacentista del obispo Guillem Boïl.

Y así, casi sin darnos cuenta, habíamos recorrido buena parte de la Catedral. Pero todavía nos quedaba uno de sus espacios más especiales para mí: el Claustro. Para entrar hay un pequeño tramo de escaleras. Aunque no es accesible de forma autónoma para personas con movilidad reducida, con un poquito de ayuda y mucho mimo, mi esposa pudo acceder y disfrutarlo plenamente. ¡Y vaya si valió la pena!

Este claustro del siglo XII es un lugar mágico, único en el mundo por su forma trapezoidal. Sus arcos y dobles columnas sostienen naves de cañón donde escultores románicos como Arnau Cadell dejaron su impronta. Sus capiteles cuentan historias del Antiguo y Nuevo Testamento entre motivos vegetales y seres fantásticos.

Aquí no hacía falta audioguía. Bastaba con mirar. 


Capitel historiado, ciclo de Sansón

Allí descubriremos el pasaje del pecado original

El árbol prohibido se esculpió como una viña, debido a la gran vinculación e importancia del vino con la Catedral.


La representación de la Anastasis o bajada de Cristo a los infiernos para librar las almas de los primeros padres.

Siguen unas escenas bastante llamativas como para infundir terror, como la de los dos hombres desnudos que se apuñalan mientras son envueltos por unas serpientes que al mismo tiempo muerden el pecho de unas mujeres en actitud y gesto de horror. La representación historiada se complementa con un caldero puesto sobre las llamas, que tiene dentro tres condenados, unos diablos y unos grifos monstruosos.

La historia de Jacob y Raquel.

La historia de Isaac.

O un Obispo bendiciendo las obras de la Catedral y canteros trabajando.


También nos encontramos la capilla de la Virgen de Bell-Ull, tumbas en los muros y numerosas lápidas de antiguos canónigos bajo nuestros pies. 

Ara de altar románica: es una de las mejor conservadas de toda Cataluña.

Aquí nos detuvimos ante la bellísima Escultura Funeraria de Leonor de Cabrera (c. 1337), cuya estatua yacente descansa con infinita delicadeza con dos pequeños pajes reposando a los pies sobre el lomo de dos perros, mientras las arcuaciones del sepulcro conservan las siluetas de quienes debieron ser los llorantes.

Y al alzar la vista hacia el cielo del patio, la majestuosa Torre de Carlomagno —antiguo campanario románico del siglo XI con sus ventanas geminadas y frisos de diente de sierra— se alza victoriosa contra las nubes.

En la cercana Sala del Tinell, tuvimos la suerte de contemplar la vidriera figurativa más antigua de Cataluña (siglo XIII), rescatada del olvido tras un retablo.

Volviendo sobre nuestros pasos, nos adentramos en las Salas del Tesoro, donde la fe se hace arte y el arte, eternidad:

Entre ellos encontramos el Beatus. Este manuscrito del año 975 escrito en letra visigótica es sobrecogedor. Sus miniaturas mozárabes de policromía deslumbrante llevan la firma de la monja Ende, un rarísimo y valiosísimo testimonio de una mujer artista en la Alta Edad Media.

O la Arqueta de Hixem, una joya de orfebrería omeya del taller califal de Córdoba (s. X-XI), regalada al futuro califa Hixem II. ¿Cómo llegó hasta aquí? El misterio solo aumenta su encanto.

La Custodia de Corpus, maravilla del siglo XV labrada en plata dorada, coral y pedrería por Francesc Artau, que reproduce en filigrana la estructura de un delicado templo gótico.

La joya de la corona es el Tapiz de la Creación. Un bordado románico del siglo XI impresionante por sus dimensiones y su vivacidad, considerado único en el mundo. En su centro, la Creación del Génesis cobra vida rodeada por el paso del tiempo, los meses y las estaciones. Sentarse frente a él es hacer un viaje directo al pensamiento de nuestros antepasados.

Un cierre sublime es la Sala de Objetos de Culto, repleta de piezas litúrgicas de incalculable valor histórico.




Cuando finalmente terminamos la visita, tuvimos la sensación de que la Catedral de Girona es uno de esos lugares que no se terminan de conocer en una sola vez. ¿Y tú, te atreves a subir sus 90 peldaños y descubrir sus secretos?

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https://www.guiavisualcatedralgirona.cat/

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https://catedraldegirona.cat/patrimoni/

https://catedraldegirona.cat/diposit/

https://www.poblesdecatalunya.cat/element.php?e=19112

https://www.arteguias.com/catedral/girona.htm

https://www.monestirs.cat/monst/girones/cgi11mariA.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Santa_Mar%C3%ADa_(Gerona)

https://www.pedresdegirona.com/

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